La meditación es la práctica principal dentro del Budismo y es lo que nos conduce de la teoría a la experiencia. Fue el método que dejo el Buda para conocernos internamente, descubrir las sutilezas del ser y lograr una transformación que nos aleje del sufrimiento y desarrolle todo el potencial humano. El punto de partida es mirarnos con honestidad y apertura en forma directa, como la experiencia que somos y no como una idea.

 

Primero pacificamos la mente a través de prácticas de concentración en la respiración, disciplina y creación de mérito, que traen una calma natural. Desde acá podemos comenzar a apreciar las perturbaciones de la mente y cómo ellas están ligadas a nuestra historia personal. A través de un proceso de purificación aprendemos a soltar y aceptar lo que es, logrando de esta manera la liberación. Tan pronto tenemos en nuestras manos las riendas de nuestro futuro podemos comenzar nuestro desarrollo espiritual.

 

La meditación es un acto de conciencia o un acto de presencia que involucra una atención despierta. La meditación no es para quedarnos dormidos, es para despertarnos, despertarnos al mundo fenomenal con un inmenso interés y significado. Cuando logramos calmar la mente y mantenerla concentrada en un objeto podemos comenzar a hacer múltiples meditaciones que tienen objetivos particulares tales como desarrollar distintas cualidades espirituales. Estas cualidades espirituales tales como la compasión, la generosidad, la ética, el esfuerzo, la sabiduría y demás no solo son el antídoto del sufrimiento sino también la vía de desarrollo del potencial humano.